Resulta alarmante el diario vivir de nuestras escuelas, es un claro reflejo de la cultura de violencias y contra violencias que prevalece en todo el país. Vemos a diario fenómenos sociales íntimamente relacionados: el trasiego de armas y drogas, la corrupción, la criminalidad, la marginación socio-económica, el deterioro en la salud mental, y sobre todo, un clima generalizado de polarización, intolerancia y hostilidad.
Por lo anterior, ante el dilema sobre qué hacer frente a esta violencia desenfrenada que impera y lacera nuestra fibra social, y siendo el mal uso de fondo, nuestra respuesta no puede ser represiva y punitiva, sino preventiva. Más aún, como nuestras escuelas no escapan a esta violenta realidad, si no que constituyen un microcosmos de dicha crisis, estamos ante una tarea formativa conjunta, por ello, el origen de esta "violencia sistémica en la educación" es claro. Proviene de las propias estructuras de poder y de personas en posiciones de autoridad institucional. Los criterios centrales que la definen son amplios pero precisos: ¿Gravan emocional, cultural, espiritual, económica o físicamente al estudiantado?¿Vulneran la dignidad de la comunidad educativa? ¿Afectan en alguna medida la docencia y el aprendizaje?
Sin duda alguna nos encontramos frente a la ausencia de “Moral y de Ética”, debemos rescatarlas por ello debemos asumir el reto de edificar una cultura de paz que implica modificar las actitudes, las creencias y los comportamientos - desde las situaciones de la vida cotidiana hasta las negociaciones de alto nivel entre países - de modo que nuestra respuesta natural a los conflictos sea no violenta y que nuestras reacciones instintivas se orienten hacia la negociación y el razonamiento, y no hacia la agresión.
¿Cómo y qué podemos aportar para alcanzar estos ideales?
Nuestra tarea prioritaria es ser promotores de una cultura de paz construida sobre la base de un desarrollo humano sostenible e inspirado en la justicia, la equidad, la libertad, la democracia y el respeto pleno de los derechos humanos. Dicha tarea nos requiere convertir la universidad, la escuela y toda entidad formativa en espacio de diálogo sobre los problemas más insolubles de nuestro tiempo.
El gobierno colombiano a través de los lineamientos “Competencias Ciudadanas” busca: Formar para la ciudadanía y es una prioridad importante hoy en día en cualquier país del mundo. Habida cuenta de la situación de violencia que afronta Colombia, se hace imprescindible formar niños, niñas y jóvenes solidarios, sensibles, respetuosos, libres y capaces de solucionar los conflictos por vías pacíficas para contribuir a la construcción de una sociedad justa y democrática.
Las competencias ciudadanas son el conjunto de habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas, conocimientos y actitudes que, articulados entre sí, hacen posible que el ciudadano actúe de manera constructiva en la sociedad democrática además permiten que los ciudadanos respeten y defiendan los derechos humanos, contribuyan activamente a la convivencia pacífica, participen responsable y constructivamente en los procesos democráticos y respeten y valoren la pluralidad y las diferencias, tanto en su entorno cercano (familia, amigos, aula, institución escolar), como en su comunidad, país o a nivel internacional.
Para su mejor comprensión y análisis las competencias ciudadanas han sido organizadas en cuatro grupos: Respeto y defensa de los derechos humanos, convivencia y paz, participación, responsabilidad democrática y pluralidad, identidad y valoración de las diferencias.
Dentro del quehacer pedagógico se desconocen cosas maravillosas que hacen los docentes al respecto, se trata pues de investigar todas esas experiencias significativas, para que sirvan de ejemplo en esa tarea tan difícil, como es la de Educar.